viernes, 20 de agosto de 2021

Fábulas de Esopo

La fábula es un tipo de relato breve de ficción que pretende transmitir una enseñanza por eso suele estar acompañado de una moraleja. 

Esopo es uno de los fabulistas más conocidos, que ha trascendido hasta nuestros días. Sus fábulas han fascinado y continúan fascinando a generaciones enteras, muy probablemente por su sencillez en el mensaje, o porque sus personajes son animales, o incluso por su humor sutil. A continuación tienes 4 fascinantes fábulas que te invitamos a disfrutar.

El avaro

Hubo una vez un hombre muy rico que, un buen día, decidió vender todo lo que tenía a cambio de varios lingotes de oro.

El hombre tenía miedo que lo robaran y por ello lo enterró en un bosque. Pero todos los días iba hasta allí para cerciorarse que su dinero seguía en el mismo lugar. Siendo así que llamó la atención de un ladrón, quien comenzó a seguirlo hasta descubrir su secreto. 



Una noche oscura desenterró todo el oro y se lo llevó

Al otro día fue el rico como siempre y al comprobar el robo se puso a dar alaridos de desesperación.

Un vecino del lugar se acercó a ver que le pasaba. 

El hombre rico lloraba y lloraba sin parar, por lo que el vecino tomó algunas piedras y las enterró en el mismo lugar donde antes estaba el tesoro y le dijo:

—Aquí tiene su tesoro. De todas formas Ud. nunca habría gastado sus lingotes. ¿Qué más le da, entonces, que sean piedras? Así, por lo menos, no sufrirá mas.

 Moraleja: Un corazón codicioso no tiene reposo

Si la riqueza no se comparte ni se invierte, no vale nada y solo trae sufrimiento.

miércoles, 18 de agosto de 2021

Balada de los dos abuelos

Balada de los dos abuelos es un poema escrito por Nicolás Guillén, quien fue un poeta cubano, nacido en la Ciudad de Camagüey, con raíces españolas y africanas. El reconocimiento de esos orígenes lo llevó a escribir este bello poema.



Sombras que sólo yo veo,

me escoltan mis dos abuelos.
 
Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera:
mi abuelo negro.
Gorguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera:
mi abuelo blanco.
 
Pie desnudo, torso pétreo
los de mi negro;
pupilas de vidrio antártico
las de mi blanco.
 
África de selvas húmedas
y de gordos gongos sordos...
—¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro).
Aguaprieta de caimanes,
verdes mañanas de cocos...
—¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco).
Oh velas de amargo viento,
galeón ardiendo en oro...
—¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro.)
¡Oh costas de cuello virgen
engañadas de abalorios...!
—¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco.)
¡Oh puro sol repujado,
preso en el aro del trópico;
oh luna redonda y limpia
sobre el sueño de los monos!
 
¡Qué de barcos, qué de barcos!
¡Qué de negros, qué de negros!
¡Qué largo fulgor de cañas!
¡Qué látigo el del negrero!
Piedra de llanto y de sangre,
venas y ojos entreabiertos,
y madrugadas vacías,
y atardeceres de ingenio,
y una gran voz, fuerte voz,
despedazando el silencio.
¡Qué de barcos, qué de barcos,
qué de negros!
 
Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.
 
Don Federico me grita
y Taita Facundo calla;
los dos en la noche sueñan
y andan, andan.
Yo los junto.
 
—¡Federico!
¡Facundo! Los dos se abrazan.
Los dos suspiran. Los dos
las fuertes cabezas alzan:
los dos del mismo tamaño,
bajo las estrellas altas;
los dos del mismo tamaño,
ansia negra y ansia blanca,
los dos del mismo tamaño,
gritan, sueñan, lloran, cantan.
sueñan, lloran, cantan.
lloran, cantan.
cantan.

Autor: Nicolás Guillén
Ilustrador: imágenes tomadas de pixabay.com