Escrito por Andrew Lang
Duración de la lectura: 5 minutos
En Japon vivían dos ranitas. Ambas eran muy felices, pero
en diferentes ciudades; una vivía en Kioto y la otra se construyó una casa en las cercanías de Osaka.
Un buen día tuvieron el deseo de explorar otros lugares para conocer el mundo:
—Hoy partiré hacia Osaka —se dijo la ranita de Kioto.
—Hoy viajaré a Kioto —se dijo la ranita de Osaka.
Sin
saberlo, las ranitas empacaron sus cosas al mismo tiempo y salieron
saltando hasta el camino de la montaña que unía las dos ciudades.
El
viaje resultó ser más largo de lo planeado y por esas cosas del
destino; las dos ranitas, muy agotadas, se detuvieron en la cima de la
montaña.
Al encontrarse, las dos ranitas se
observaron con emoción. Luego, se saludaron y entablaron conversación.
Fue así como supieron hacia donde se dirigían.
—¡Voy a Osaka! — dijo la ranita de Kioto—. Escuché que es una ciudad esplendorosa.
—¡Y yo voy a Kioto! — respondió la ranita de Osaka—. Todos dicen que es una ciudad espléndida.
—Es
una pena que no seamos más altas— dijo la ranita de Kioto—. Si lo
fuéramos, podríamos ver desde lo alto de esta montaña la ciudad que
queremos visitar.
—¡Tengo una idea! — exclamó
la ranita de Osaka—. Parémonos de puntitas con nuestras patas traseras y
apoyémonos una a la otra. Así podemos echarle un vistazo a la ciudad a
donde vamos.
Entonces, las dos ranitas se pararon de puntitas y se tomaron de las patas delanteras para no caerse.
La rana de Kioto alzó la cabeza y miró hacia Osaka. La rana de Osaka también alzó la cabeza y miró hacia Kioto
—¡Qué decepción! — dijo la ranita de Kioto—. Osaka es igual a Kioto.
—¡Qué desilusión! — dijo la ranita de Osaka—. Kioto es igual a Osaka.
En ese momento, la ranita de Kioto dijo:
—Me alegra que hayamos descubierto esto, ahora podemos ahorrarnos el largo viaje y regresar a casa.
Las dos se despidieron y comenzaron a saltar muy felices de vuelta a sus ciudades.
Sin
embargo, las dos ranitas olvidaron que todas las ranitas del mundo
tienen los ojos en la parte de arriba de la cabeza. En realidad, veían
lo que estaba atrás y no adelante. ¡La ranita de Kioto estaba mirando
hacia Kioto y la de Osaka estaba mirando hacia Osaka!

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