martes, 16 de octubre de 2018

Rectificar es de sabios



Nuestras manos son muy importantes. Ellas nos permiten acariciar, palpar, tocar, agarrar, señalar, y muchas más cosas. Hace mucho tiempo, los dedos de la mano izquierda tuvieron una reunión. Índice, Corazón, Anular y Meñique estaban presentes, pero Pulgar no había llegado aún. Todos estaban molestos y tan pronto llegó comenzaron a regañarle, Índice el primero.

  • Ahí estas. Siempre tenemos problemas contigo. No hay forma que podamos entendernos. Y aunque Pulgar quería explicar, no lo dejaban.
  • Que vas a explicar? No queremos que nos expliques, queremos que no vengas más, así no tendremos que verte.

Pulgar, muy triste, se fue de allí. Prefería estar sólo, de todas formas ellos tampoco querían verlo.
Los demás quedaron un rato más conversando, disgustados. Meñique no estaba muy convencido.

  • Bueno, al fin se fue.
  • No creo que hayamos hecho lo correcto, dijo Meñique. 
  • ¿Cómo que no lo crees?, ¿Acaso no estamos todos de acuerdo?, pregunto Índice enfadado.
  • En un principio, sí, pero, ¿y si nos equivocamos?
  • Pues no, no nos equivocamos. ¿No ven que es diferente a nosotros?, sólo tiene dos falanges, es más pequeño y regordete, ni siquiera se comporta como nosotros; en fin, que no tiene nada que ver con nosotros. Tú, calladito, que por ser el más pequeño de todos no tienes mucho que decir.
  • Si, si, ya me conozco esas palabras. Ustedes creen que por ser el más peque de todos no puedo opinar. Pues nada, esperemos tengan razón.

Y todo quedo así, pero tras unos días volvieron a reunirse.

  • Las cosas están mal, nada funciona. No logramos terminar las labores a tiempo ni bien, decía Corazón.
  • No sé qué pasa, pero estamos muy débiles, se quejaba Anular. Índice, tu eres el guía, ¿qué podemos hacer?
  • Necesito pensar, respondía Índice preocupado.
  • Sé muy bien que no les importa mi opinión, pero creo que debemos llamar a Pulgar, cuando él estaba no teníamos estos problemas, decía Meñique triste. 
  • Pulgar, Pulgar, ¿quién lo necesita?, repetía Índice molesto.

Los dedos de la mano derecha escuchaban la discusión.

  • Si están de acuerdo quisiéramos ayudarlos, propuso Índice de la mano derecha.
  • Ustedes?, y cómo?, no me imagino cómo podrían hacerlo. Dudaba Índice de la mano izquierda.
  • Pues contándoles como trabajamos nosotros.
  • Pues si, eso sería bueno, respondió Anular de la izquierda.
  • Con mucho gusto. Nuestro secreto es muy simple, siempre trabajamos juntos, en colectivo. Aunque todos somos diferentes, eso no es importante. Lo verdaderamente esencial es lo que hacemos y por qué lo hacemos. Y aunque tenemos muchas diferencias, nos aceptamos tal y como somos. Por si quieren saberlo, las veces que Pulgar ha llegado tarde, ha sido por ayudarnos.
Los dedos de la mano izquierda quedaron en silencio, mientras los de la derecha se retiraban y los dejaban a solas otra vez. Índice fue el primero en hablar.
  • Ustedes creen que estoy equivocado?
  • Pues mira, pensándolo bien, cuando Pulgar estaba con nosotros no teníamos problemas. Él siempre nos apoyaba en todo, y completaba nuestra fuerza, dijo Corazón. Bueno, en honor a la verdad, nosotros también somos diferentes. Tú, Índice, siempre has sido el jefe y actúas con mucha prepotencia todo el tiempo; tu, Corazón, crees que por ser el mayor, siempre tienes la razón; y yo, me siento débil cuando estoy sólo, por eso siempre estoy junto a Meñique, eso sin contar que me encantan los anillos, por lo que soy un poco vanidoso. No lo decimos por orgullo, pero todos extrañamos a Pulgar, reflexionaba Anular.

-   Por un momento se miraron todos en silencio.
  • Saben qué, pienso que tienen razón, y tú, Meñique, siempre viste lo que nosotros no pudimos. Lamento no haberme dado cuenta antes. Que les parece si llamamos a Pulgar y nos disculpamos con él.

Tras estas palabras de Índice pusieron inmediatamente manos a la obra, y buscaron a Pulgar, que aceptó las disculpas con alegría, y bueno, porque en verdad, también los extrañaba un poco.



Desde ese día, ya no hubo más discusiones, volvieron a trabajar en colectivo y a ayudarse unos a otros, sólo que esta vez, se aceptaban tal y como eran, y entendían que sus diferencias, en realidad, los hacia más fuertes. Por eso, no temas ser diferente y acepta a quienes no son como tú.

De esta pequeña historia obtienes dos enseñanzas muy necesarias. No debes discriminar a otros porque sean o se comporten diferente a ti, y también, cuan importante es rectificar nuestros errores. 

Aquí te dejo tres preguntas, que nos ayudarán a saber si comprendiste la historia.

Pregunta 1:     ¿Cómo se llaman los dedos de las manos? 
Pregunta 2: ¿Por qué los dedos de la mano izquierda no aceptaban a Pulgar?
Pregunta 3:    ¿Aceptó Pulgar sus disculpas?


No hay comentarios:

Publicar un comentario